LOS MITOS DEL PARKINSON

La parte del cerebro encargada del sistema motor comienza a fallar ya que el paciente pierde progresivamente neuronas en la sustancia negra cerebral y esto se traduce en rigidez a la hora de realizar ciertos movimientos, pero también en temblores, problemas digestivos o alteraciones en el sistema anímico. Se trata del párkinson, la segunda enfermedad neurodegenerativa más común -afecta a 10.000 gallegos- y que aún vive rodeada de falsos mitos. En el día mundial de esta dolencia, los médicos intentan derribarlos

Ni es una enfermedad exclusiva de personas mayores, ni el temblor es su síntoma más característico, ni quienes la padecen están condenados a pasar sus últimos días sin poder valerse por sí mismos. El párkinson -la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente después del alzhéimer- es una patología rodeada de falsos mitos. En el día de esta enfermedad, que se celebra hoy en todo el mundo, médicos y pacientes luchan por desterrar falsas creencias. “El principal temor que tienen los recién diagnosticados es quedarse en silla de ruedas. Es un error, con los tratamientos actuales, muchos pacientes puede llevar una vida activa independiente hasta el final y morirse por otra causa”, indica el neurólogo José Marey, del Hospital Universitario de A Coruña, quien recuerda que unos 10.000 gallegos sufren esta patología. “El 10% de los casos a nivel estatal se producen en Galicia debido al envejecimiento de la población”, resalta.

Fuente:  La opinion

El párkinson aparece cuando la parte del cerebro que regula el sistema motor falla. “Es una enfermedad neurodegenerativa ya que el paciente comienza a perder neuronas de una parte del cerebro que se llama sustancia negra”, indica el doctor Marey, quien reconoce que “como pasa con muchas otras patologías” aún no se conoce su origen. “Hay muchas teorías sobre si hay componentes genéticos, tóxicos, pero realmente no se sabe”, añade. Eso sí, el desconocimiento en su origen se compensa con una amplia investigación sobre los síntomas, el desarrollo y el tratamiento de la enfermedad.

Lejos de la creencia popular, el temblor no es ni el primero ni el principal signo del párkinson. “Hay multitud de causas para que una persona tenga temblores y ni todo temblor es párkinson ni esta dolencia empieza siempre así”, indica esta neurólogo coruñés, quien relata que entre los síntomas más habituales de esta patología está “los problemas motores, la rigidez a la hora de moverse -tienen fuerza pero se mueven mucho más lentos-, alteraciones de las funciones digestivas y problemas en el sistema anímico”.

Otro error es creer que el párkinson sólo afecta a personas mayores. Uno de cada cinco pacientes tiene menos de 50 años, según la Federación Española de Párkinson. Marey, sin embargo, achaca esta situación a que “se han mejorado las técnicas diagnósticas y cada vez se detecta antes” y no a que haya cambiado el perfil de paciente. “La mayoría de afectados suelen tener más de 65 años”, recuerda.

La Federación, formada por enfermos de toda España, alerta de que sólo el 15% de los pacientes es tratado adecuadamente y pide que la crisis no provoque diferencias entre autonomías.

Pese a que reconoce que la edad aumenta el riesgo de sufrir párkinson, el neurólogo José Marey pide estar atentos a la aparición de cierta rigidez al realizar movimientos comunes a cualquier edad. “El primer signo de que puede tratarse de párkinson es presentar torpeza para pequeñas cosas que necesitan de cierta maestría como abrocharse un botón o usar un destornillador”, indica este médico del Hospital Universitario de A Coruña.

Una vez diagnosticada la enfermedad, la medicina cuenta con diversos tratamientos para reducir los síntomas ya que se trata de una enfermedad crónica, sin cura. “Hoy en día, si se hace un diagnóstico a tiempo, se sigue el tratamiento y se realizan los ejercicios o la rehabilitación que establezca el médico, los pacientes con párkinson pueden llevar una vida normal”, indica Marey, quien añade: “Es un error pensar que todos van a acabar en silla de ruedas o incapacitados porque la evolución de la dolencia, de la enfermedad en el cerebro es distinta en cada paciente”.

“Los tratamientos actuales permiten disfrutar de al menos 10 o 12 años de vida activa e independiente, pero hay pacientes que podrán seguir así el resto de su vida y que finalmente morirán por otra causa”, sostiene este facultativo del hospital coruñés.

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