Guerra y Paz…

-¡Esta situación es injusta!-, pensaba yo mientras discutía con mis padres sobre el tema: -¿quien cuida de la abuela?-.
Intentaré ser fiel a los hechos, aunque, cuando estamos implicados profundamente en algo, la objetividad es complicada…

–Papá es hijo único y adora a su madre, o lo hacía, a pesar de que ella siempre lo ha manipulado y chantajeado emocionalmente.
Ahora que la yaya es mucho más débil, su estrategia se hace tremendamente evidente, por lo que ha perdido efectividad. Mi padre se siente impotente, incapaz de manejar la situación. No puede ayudarla ni hacer que entre en razón. Todo esto le causa tal frustración que cuando está con ella se transforma en un tirano estridente que consigue lo contrario de lo que pretende, o sea, que su madre se cierre en banda. Y, de rebote, a papá le sube la tensión hasta niveles tan preocupantes que, incluso le han llevado a urgencias más de una vez.
–La abuela ha sufrido recientemente varias intervenciones quirúrgicas; en la última le extirparon parte del intestino, debido a su cáncer de colon.Toma más pastillas al día que alimentos. Tiene un aspecto frágil; si no la conociera diría que está en las últimas, pero, al observarla detenidamente me percato de su actitud desafiante que parece decir: “os voy a enterrar a todos… si os dejáis“.
Nunca he sabido a ciencia cierta si realmente pierde la cabeza en ocasiones o si, por el contrario, finge estar fuera de sus cabales para conseguir lo que se le antoja en los momentos oportunos.
–Mamá ya ha enterrado a sus padres y a su suegro. Nunca ha debido llevar sola la gran carga que supone mi abuela, pero la ha asumido como un gran sacrificio, que, según su filosofía católica, le será recompensado… en otra vida, claro.
Es muy doloroso ver como se amarga día tras día por obligarse a atender constantemente a mi abuela.
Y, por desgracia, esto no queda ahí; esa amargura se la traslada a todos lo que la rodean, como si pretendiera que la sufriéramos también.
Le he sugerido que contrate a alguien para cuidar a su suegra y, de esa forma, pueda respirar un poco, pero me mira como si hubiera dicho algo inconcebible, con desprecio.
La abuela se ha convertido en el único tema de conversación para mi madre. Pasa los días quejándose de su comportamiento. Se siente culpable porque nunca se han llevado bien y, ahora que es ella es completamente dependiente (o lo finge), se lo consiente todo, de forma que, su suegra, una vez más se sale con la suya, lo cual origina nuevas quejas por parte de mamá.
Tienen una relación totalmente neurótica e insatisfactoria, aunque simbiótica; se necesitan mutuamente y, a pesar de que aparentan no querer estar cerca, ambas repiten los mismos comportamientos una y otra vez. Parecen convencidas de que no hay mas remedio que seguir en esa linea siempre. Su juego morboso se ha convertido en una razón de vida.
–Yo estoy saturada. Es tremenda la presión que recibo por parte de mis padres para que renuncie a mi vida en la ciudad y vuelva al pueblo para cuidar a la yaya. Se que no puedo ni debo hacerlo, porque no es mi guerra. Estamos de acuerdo en que papá y mamá necesitan que alguien les ayude con su carga a diario pero, ¿donde está escrito que solo yo puedo hacerlo?.
Con reservas he accedido a cuidar de la abuela durante los 12 días en que mis padres se marchan de vacaciones. Esto me ha supuesto un gran altercado con mi jefe, debido a que las fechas elegidas están fuera de mi habitual periodo vacacional, aunque a mis progenitores no parecen importarles en absoluto mis circunstancias, ya que, según ellos, es imprescindible que yo sea la cuidadora si ellos no están; soy la sucesora por derecho… sus otros dos hijos no cuentan.
–Estando con ella, mi abuela se pasa el día reclamando atención de todas las formas imaginables; utiliza la comida, medicación, ropa, televisión, el baño, aseo… todo vale.
Cuando está mal o quiere aparentarlo (su hipocondría roza el límite) repite constantemente el nombre de mi madre, en diferentes tonos, como un tic. A veces, a mi también me llama por su nombre, y no tengo claro si lo hace para desestabilizarme o porque realmente cree que soy otra persona. Miente constantemente con el objeto de conseguir sus propósitos, cuando esto no le sirve, pasa a la táctica del chantaje emocional, tipo: “quiero morirme cuanto antes para dejaros tranquilos, porque está claro que solo soy una carga para todos”.
Yo la trato de forma muy diferente a como lo hacen mis padres, no le consiento manipulaciones ni chantajes.
Supongo que porque no tengo ningún sentimiento de culpa; no siento pena por ella.
La veo como una niña malcriada a la que se debe tratar con normalidad, respeto y cariño, hablar con claridad y hacerle entender que recibirá lo que da. Intento motivarla para que colabore conmigo.
Cuando me habla sobre sus deseos de morir la escucho atentamente (teniendo la certeza de que no hay nada más lejos de la realidad) y le contesto que estoy dispuesta a ayudarla si eso la hace feliz, solo tiene que elegir la forma.
Entonces ella, al darse cuenta de lo absurda que resulta su tentativa manipulatoria conmigo, se relaja, e incluso ríe. Parece contenta por no tener que fingir.
Al rato vuelve a su tónica habitual, como si conservara una impronta grabada a fuego y se ciñera a ella sin remedio.
Pero, tan solo por verla sonreir, ha merecido la pena el esfuerzo.
–Muchos pequeños cambios en su actitud se han sucedido durante el tiempo que he pasado a solas con mi abuela, aunque se que todos estos avances desaparecerán en cuanto vuelvan mis padres, porque ellos también tienen una impronta grabada, y la seguirán contra viento y marea

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